PATAGONES: CRECIMIENTO A FUERZA DE GESTIÓN Y RECONOCIMIENTO POLÍTICO

Hablar de obra pública en los municipios es más o menos comparable a decir “milagros”. Sin embargo, la administración austera, la gestión permanente y la persistencia en los pedidos, además de la consolidación y reconocimiento político, se convierten en el combo ideal con el que en cada viaje a La Plata, Ricardo Marino se hace del próximo proyecto para alguna obra que permita apuntalar mejores condiciones para Patagones.

Es posible comparar la obra pública con “milagros”, porque la situación económica es desfavorable para el mundo; el país en su conjunto; las provincias y consecuentemente para los municipios, cuyos recursos surgen del aporte primario de vecinos y de lo proveniente a través de la coparticipación. Un ejercicio que exige equilibrio y la asistencia certera, para el Intendente, a fin de que pueda estar, como se dice, “en el lugar correcto y en el momento correcto”.

En ello, Marino ha sabido elegir a sus colaboradores para encontrar el equilibrio necesario, que pueda solidificar las arcas más allá de los ingresos y le  permita moverse entre la austeridad que pregona y la cobertura de las demandas, en un Municipio que venía desgastado, porque se había dejado de lado y con gran desinterés por parte de las administraciones anteriores,  todo vínculo relacionado con la obra pública.

Tal vez la falta de gestión, el engañoso estigma de que «si gobierna alguien de otro color político no le debe tocar el timbre» o simplemente la incapacidad de mirar alrededor, pone a Marino en el podio, como contraste por lo que no se hizo, al momento de resolver en su gestión obras que cubre, simplemente, por caminar la calle y relevar demandas.

Una tarea que lo posiciona ante las apetencias de algunos sectores de la oposición, incluso internos, que juegan con identificaciones pretendidas pero equívocas como intentar hacer prevalecer conocimientos o recursos académicos, cuando en rigor, se sabe por ciencia que la política no se hace desde la academia sino desde la calle, tal como ha aprendido y experimentado muy bien Ricardo Marino y desde sus comienzos.

No obstante, logra consolidarse además y fuertemente desde lo político, con cada viaje que realiza hacia la capital provincial, donde aprovecha todas las oportunidades para abrir puertas, encontrarse con ministros y ser reconocido como un “militante de la calle”; como hombre de “enorme” capacidad de gestión, tal como lo reconoce el propio Gobernador, y como representante indiscutido de su partido, en un escenario cada vez más complejo para la práctica política.

Así fue que Marino participó en esta última oportunidad del lanzamiento de la Escuela Política en la provincia de Buenos Aires, siendo reconocido como uno de los estandartes más significativos del encuentro, aplaudido de pie y puesto de relieve como principal referente de un mundo complejo pero de grandes desafíos políticos y, sobre todo, para hombres que han logrado de la política la forma de reconocer y de trabajar por los que tienen a su alrededor.

Marino se hace cada vez más fuerte en tal sentido, y logra en consecuencia, que su fortaleza se mida ya no dentro de los espacios partidarios o el microclima de la política sino en el reconocimiento de toda la sociedad.